La posesión de s'Avall, adquirida por el magnate mallorquín Joan March en el siglo XX, tiene su origen en 1285. Con 2.440 hectáreas, de ella nació la Colonia de Sant Jordi.
La posesión de s'Avall, en el municipio de ses Salines, es mucho más que una finca: es el corazón del imperio de Joan March Ordinas, el hombre de negocios mallorquín que llegó a ser uno de los más ricos del mundo. Adquirida por 750.000 pesetas (150.000 duros) a don Jorge Dezcallar y Gual, XVI marqués del Palmer, la heredad llevaba en manos de la misma familia desde 1285, según consta en la documentación histórica. Hoy, 740 años después, sigue siendo un símbolo de poder y transformación rural.
De finca nobiliaria a motor de cambio agrario
Joan March no compró s'Avall por capricho. El magnate de Santa Margalida tenía un plan claro: las propiedades del Pla y el Raiguer las parcelaba y vendía a precios asequibles a payeses que querían tener sus propias tierras. Así, sin pretenderlo, impulsó una reforma agraria que ningún gobierno logró. En el campo mallorquín, la figura de March generaba simpatías y fidelidades: era visto como «uno de los nuestros, no como los señores».
Pero s'Avall era diferente. March se la reservó para sí, junto con otras fincas costeras como Mossa, Albarca, Ternelles o s'Estorell. Las necesitaba para su negocio más lucrativo: el contrabando de tabaco, petróleo y armas en tiempos de guerra. La costa norte, abrupta e inaccesible, era ideal para esas actividades. Sin embargo, s'Avall, en el sureste, era la joya: «la Casa Madre de los March», como la llamaban.
Una reforma que creó un palacio en la Part Forana
Cuando March compró s'Avall, las antiguas cases de la possessió estaban casi en ruinas. Entre 1943 y 1944, en plena posguerra, encargó al arquitecto Gabriel Alomar una gran reforma. El resultado fue un auténtico palacio de la Part Forana, con un jardín de cactus que admiraban los visitantes y un anfiteatro para bailes y conciertos. Allí se celebraron bodas de postín, puestas de largo de las nietas del magnate y reuniones de negocios al más alto nivel.
Una leyenda urbana en ses Salines asegura que la carretera que une el pueblo con s'Avall se construyó para una visita de Franco a la boda de una nieta de March. Pero no hay constancia documental de esa visita. De hecho, March se llevaba mal con el dictador, que en 1942 había ordenado su busca y captura. Lo que sí se sabe es que Carmen Polo, esposa de Franco, era invitada a las fiestas de la finca.
De la finca al turismo: el legado de la Colonia de Sant Jordi
De las 2.440 hectáreas de s'Avall nació la actual Colonia de Sant Jordi, hoy un enclave turístico del sureste mallorquín. Ya en 1889, una ley de asentamientos agrícolas de la Corona española permitió parcelar y «establecer» la zona. El marqués que vendió la finca a March prácticamente no vio una peseta, porque era un gran deudor del magnate, a quien ya había vendido otras propiedades en Campos. Eran tiempos de ruina para la nobleza mallorquina, incapaz de afrontar el siglo XX.
Hoy, la heredad de s'Avall sigue siendo un reducto privilegiado, aunque abierto a visitas con cita previa. Los vecinos de ses Salines la recuerdan como el lugar donde March forjó su leyenda, y donde la historia de Mallorca se escribió entre cactus y contrabando. Para quien quiera conocerla, la finca se puede visitar contactando con el Ayuntamiento de ses Salines.
«Aquellos esforzados payeses pagaron durante muchos años el capital más intereses de las fincas que habían adquirido», recuerdan las crónicas de la época.
La historia de s'Avall es, en definitiva, la historia de cómo un hombre transformó el campo mallorquín y creó un imperio desde una posesión que ya existía cuando el Reino de Mallorca apenas empezaba a dibujarse.
¿Se puede visitar s'Avall?
Sí, con cita previa contactando con el Ayuntamiento de ses Salines.
¿Cuántas hectáreas tiene s'Avall?
La finca original tenía 2.440 hectáreas, de las que nació la Colonia de Sant Jordi.
¿Quién fue Joan March?
Joan March Ordinas fue un magnate mallorquín, uno de los hombres más ricos del mundo, que compró s'Avall en el siglo XX.

