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La payesía mallorquina se siente acorralada por la burocracia y el precio de la tierra

Aina Canyelles, presidenta de la Associació de Ramaders d’Ovella Roja Mallorquina, denuncia la burocracia y el precio de la tierra como principales lastres para el sector primario en la isla.

Joan FerràJoan Ferrà· · 3 min de lectura

Aina Canyelles, presidenta de la Associació de Ramaders d’Ovella Roja Mallorquina, alerta de la falta de relevo generacional, el sobrecoste de la insularidad y las trabas administrativas que ahogan a los payeses en la isla.

La ganadera Aina Canyelles, presidenta de la Associació de Ramaders d’Ovella Roja Mallorquina, ha expresado su preocupación por la situación del sector primario en la isla. «Los payeses tenemos la sensación de ser acorralados», afirma, en alusión a la creciente burocracia y a las dificultades para acceder a la tierra.

Canyelles, que pastorea su rebaño de raza autóctona ‘Ovella roja mallorquina’ en fincas de Lloseta, Campanet y Santa Maria, fue distinguida recientemente por el Consorci Serra de Tramuntana con motivo del XV aniversario de la declaración de la comarca como Patrimonio Mundial por la UNESCO, en reconocimiento a su labor en defensa de la raza y la conservación del paisaje.

La ganadera denuncia que el elevado precio del suelo dificulta la incorporación de jóvenes al campo. «Hace poco se pedían 250.000 euros por una finca de apenas media quarterada (3.551 m2); a ello hay que sumar el sobrecoste de la insularidad y la falta de conciliación, porque si tienes animales tienes que estar siempre pendiente», explica.

Otra de las quejas recurrentes es la carga administrativa. «Yo llevo cuatro aplicaciones en el móvil para llevar al día todos los datos que estamos obligados a registrar, pero es injusto para las personas mayores o que tengan dificultades con la tecnología», señala Canyelles. «Si cada 15 días fotografían nuestros campos con satélites, la propia administración sabe mejor que nosotros mismos lo que hacemos en las fincas», añade.

A pesar de las dificultades, la Associació de Ramaders d’Ovella Roja Mallorquina cuenta ya con un centenar de familias ganaderas, una cifra que ha crecido en los últimos tres años gracias a la difusión en ferias y redes sociales. La asociación trabaja para preservar una de las razas autóctonas de animales que quedan en Mallorca, todas ellas en peligro de extinción por la falta de rentabilidad del sector.

Canyelles también colabora a nivel estatal con la Plataforma para la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo y con Ganaderas en Red. En su explotación, junto a su pareja, han optado por diversificar la producción para subsistir: «Tenemos un poco de todo: ovejas, vacas, cabras y bísties (equinos), y si hace falta se hace leña, limpiezas forestales o se desbrozan jardines», detalla.

La ganadera defiende que la apuesta por razas autóctonas y la agricultura ecológica es la vía más adecuada, una lección que aprendió de sus padres, quienes dejaron sus profesiones para dedicarse al campo. Para Canyelles, la supervivencia de la payesía en Mallorca depende de dos pilares: la sostenibilidad económica, social y medioambiental, condicionada por la insularidad, el cambio climático y la presión humana (viviendas rurales, coches, placas solares en suelo rústico); y la conciliación, cuya ausencia ahuyenta a los jóvenes.

La situación del sector primario en Mallorca es crítica. La falta de relevo generacional, el encarecimiento del suelo y la burocracia creciente amenazan la continuidad de una actividad clave para el mantenimiento del paisaje y la biodiversidad de la isla. Canyelles reclama medidas urgentes para facilitar el acceso a la tierra y simplificar los trámites administrativos, especialmente para los pequeños ganaderos.

Joan Ferrà

Escrito por

Joan Ferrà

Redactor

Ciencias Políticas por la Universitat de les Illes Balears y veterano de los plenos isleños. Mallorquín de secano, cafetero y con paciencia para la burocracia balear; lleva años contando la política y la sociedad de la isla.