La plaza de Punta Ballena en Magaluf se ha teñido de blanco y rojo esta noche para seguir el Francia-Inglaterra, el partido por el tercer y cuarto puesto del Mundial. A pesar de la decepción por la eliminación ante Argentina, los seguidores ingleses han llenado bares y restaurantes.
El ambiente en Magaluf era de una mezcla de resignación y orgullo. A las 23.00 horas, el pitido inicial del Francia-Inglaterra en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá encontró a decenas de aficionados ingleses ataviados con sus colores, dispuestos a despedir a su selección con un triunfo. La cita era agridulce: nadie quiere jugar el partido de consolación, pero una vez en él, el honor de ser tercero del mundo está en juego.
Punta Ballena, epicentro mundialista en Calvià
Las calles del núcleo turístico de Calvià fueron el escenario principal. Desde bien entrada la tarde, los bares y restaurantes de la zona fueron ocupando sus terrazas con seguidores que, pese al intenso calor del día, no quisieron perderse el último envite de los pupilos de Tuchel. La afluencia fue notable, especialmente en la céntrica avenida de Punta Ballena, donde el rugido de los aficionados se mezclaba con la música de fondo.
No obstante, la pasión se vivió con cierta contención. La eliminación en semifinales a manos de Argentina pesaba en el ambiente. Muchos reconocían que el partido por el tercer puesto es un plato amargo, pero no por ello dejaron de animar. Incluso se dejaron ver algunas camisetas de Francia entre la multitud, aunque fueron una minoría. La convivencia fue total, sin incidentes, en una noche que cerró la participación mundialista en la isla.
Una afición fiel pese a la decepción
Para los turistas británicos que han elegido Magaluf para seguir el Mundial, este partido era la última oportunidad de ver a su selección en directo. A pesar de no haber alcanzado la final, el seguimiento ha sido masivo durante todo el torneo. “Duele no estar en la final, pero hay que apoyar hasta el final”, comentaba un aficionado desde una terraza. La selección inglesa, dirigida por Tuchel, buscaba cerrar su participación con una victoria que, aunque menor, dejara un buen sabor de boca.
El resultado, sin embargo, parecía lo de menos para muchos. Lo importante era vivir la experiencia, compartir el momento y, de paso, disfrutar de la oferta hostelera de la zona. Los bares, que han visto incrementada su clientela durante el campeonato, agradecían el movimiento. “Ha sido un buen Mundial para el negocio, aunque los ingleses se hayan quedado fuera”, señalaba un camarero.
El partido, que se disputó en el MetLife Stadium de Nueva York, no tuvo trascendencia más allá del honor. Pero para los aficionados en Calvià, fue la excusa perfecta para una última noche de fútbol y hermandad. La penúltima noche mundialista en el municipio dejó imágenes de banderas, cánticos y algún que otro abrazo entre aficiones rivales. El Mundial se apaga, pero la afición por el fútbol sigue viva en Magaluf.


