Un vecino de Alcúdia ha denunciado públicamente la atención recibida por su gato Tyga en un hospital veterinario de Palma, donde el animal falleció el domingo por la noche tras un fin de semana ingresado. El propietario señala graves deficiencias asistenciales, como la falta de sangre para una transfusión urgente y el retraso en el inicio del tratamiento.
Guillermo Oliva, residente en Alcúdia, ha hecho pública su denuncia contra un hospital veterinario de Palma tras la muerte de su gato Tyga, ocurrida el pasado domingo por la noche. Según su relato, el animal sufrió una presunta negligencia durante el ingreso que derivó en un fatal desenlace.
Los hechos se remontan al viernes por la tarde, cuando Tyga sufrió un episodio neurológico en su domicilio. Oliva lo trasladó de urgencia al centro veterinario, donde el animal volvió a padecer otro ataque durante la consulta. Tras realizarle un hemograma, los veterinarios detectaron un hematocrito del 15 %, cifra muy por debajo de lo normal y compatible con una anemia grave, por lo que decidieron ingresarlo.
Según el propietario, los veterinarios le informaron de que, si el hematocrito descendía al 12 %, le llamarían para autorizar una transfusión de sangre, y que el hospital disponía de reservas para realizarla. Sin embargo, afirma que esa llamada nunca se produjo. «Pasó toda la noche del viernes y tampoco me llamaron el sábado por la mañana. En la hoja informativa que entregan a los propietarios pone que a partir de las once informan del estado de los animales ingresados, pero tuve que ser yo quien llamara el sábado por la tarde», relata Oliva.
Fue entonces cuando recibió una noticia aún más preocupante: el hematocrito había bajado al 10 % y le preguntaron si autorizaba la transfusión. «Les dije que sí inmediatamente, pero pocos minutos después me volvieron a llamar para decirme que no tenían sangre y que necesitaban que les llevara otro gato para utilizarlo como donante», asegura.
Ante la falta de sangre, Oliva tuvo que buscar por su cuenta una solución de urgencia. «Empecé a llamar a hospitales veterinarios de toda Mallorca hasta que encontré una bolsa de sangre en Manacor. Salí desde Alcúdia, fui a recogerla y la llevé personalmente para que pudieran hacer la transfusión», explica.
Al día siguiente, domingo, volvió a contactar con el hospital para conocer la evolución de Tyga. Le informaron de que el hematocrito había pasado del 10 % al 13 %, aunque seguía en estado crítico. Preocupado, consultó con su veterinaria habitual, quien le indicó que el tratamiento inmunosupresor debía haberse iniciado cuanto antes. «Llamé al hospital para preguntar por qué no habían empezado el tratamiento y me fui directamente hacia Palma», relata.
Una vez en el centro, el veterinario que lo atendió le comunicó que «acababan de empezar» la medicación, aunque, según Oliva, desconocía qué fármacos se le habían administrado, en qué dosis o quién los había pautado. Mientras esperaba explicaciones, intentó consultar la hoja de hospitalización que se encontraba en unas carpetas colgadas en la pared de la sala. «En ese momento el veterinario salió de la habitación y, pocos segundos después, un auxiliar retiró todas las carpetas. Le pregunté qué medicación le habían puesto a mi gato y me respondió que era información confidencial, cuando yo era el propietario», sostiene. Minutos más tarde, el veterinario regresó con la documentación ya cumplimentada. «La hoja de medicación estaba rellenada en ese momento. Antes no aparecía nada», afirma.
Tyga falleció durante la noche del domingo. Al recoger el cuerpo el lunes, Oliva recibió el informe clínico. En el apartado del plan terapéutico figuraba que se valoraría iniciar el tratamiento completo el lunes, una circunstancia que considera especialmente grave teniendo en cuenta que el animal permanecía ingresado desde el viernes con un cuadro crítico.
En la documentación médica aportada por el propietario consta que el animal presentaba anemia aguda grave, trombocitopenia y un posible síndrome de Evans, además de un cuadro neurológico probablemente secundario a la anemia. Oliva ha anunciado que estudia emprender acciones legales contra el centro veterinario por lo que considera una negligencia que le costó la vida a su mascota.
Este caso pone de relieve la importancia de la transparencia y la rapidez en la atención veterinaria de urgencia, especialmente cuando la vida del animal depende de decisiones críticas como una transfusión sanguínea. Los propietarios de mascotas en Mallorca deben saber que, ante una situación similar, es recomendable conocer de antemano los protocolos del centro y, en caso de duda, buscar una segunda opinión o incluso el traslado a otro hospital veterinario.

