El seleccionador argentino reside desde hace años en el municipio mallorquín de Bunyola, donde ha establecido su hogar familiar con su esposa Elisa Montero y sus dos hijos.
El seleccionador argentino Lionel Scaloni eligió Bunyola, un pequeño municipio de la Serra de Tramuntana, para establecerse de forma permanente. Allí, rodeado de montañas y con vistas al Mediterráneo, el técnico ha encontrado el equilibrio entre la exigencia del fútbol internacional y la vida familiar.
La propiedad, de estilo moderno, destaca por su piscina de aguas turquesas, un amplio jardín, una galería cubierta y un gimnasio propio. Grandes ventanales aprovechan la luz natural y ofrecen vistas a la sierra, un entorno que Scaloni aprovecha para practicar una de sus grandes pasiones: el ciclismo por los caminos de montaña.
El vínculo del entrenador con Mallorca se remonta a 2008, cuando aún era futbolista y jugaba en el club de la isla. Allí conoció a Elisa Montero, natural de Mallorca, durante una cena del plantel en un restaurante al que ella había asistido con sus compañeras de vóley. Según relató el propio Scaloni en su biografía oficial, el flechazo fue inmediato.
Tras su retiro como jugador en 2015, la pareja decidió radicarse definitivamente en la isla para priorizar la intimidad familiar. Elisa Montero, que mantiene un perfil bajo, trabajó anteriormente en la empresa familiar Olivetti y en la firma de indumentaria Zara. Su presencia pública se limita a eventos puntuales, centrándose en la crianza de sus hijos, Ian y Noah.
La residencia en Bunyola permite a Scaloni mantener una rutina tranquila, lejos del foco mediático. La cercanía con Palma facilita sus traslados para cumplir con los compromisos de la Selección Argentina, que dirige desde 2018. El entorno natural de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad, es el escenario habitual de sus salidas en bicicleta.
La vivienda refleja el perfil sobrio y funcional del técnico, alejado de ostentaciones. Con espacios amplios y una arquitectura que prioriza la conexión con el exterior, la casa se ha convertido en el refugio perfecto para desconectar de las exigencias del fútbol de élite.
Scaloni compagina su vida en Mallorca con los viajes internacionales que le exige su cargo al frente de la albiceleste. La isla, sin embargo, sigue siendo su base, el lugar donde su familia echa raíces y donde él recarga energías entre convocatorias y partidos.

