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Rosa Planas alerta: «Palma se está convirtiendo en una ciudad boutique que ya no pertenece a sus habitantes»

Rosa Planas critica la gentrificación de Palma: la ciudad ha perdido personalidad y se ha convertido en un objeto de consumo turístico.

Joan FerràJoan Ferrà· · 3 min de lectura

La escritora y cronista Rosa Planas advierte sobre la transformación de Palma en una ciudad boutique, donde el comercio tradicional y la vida de barrio desaparecen ante los intereses turísticos y económicos.

La escritora y conocedora de Palma Rosa Planas ha lanzado una crítica contundente sobre el rumbo que ha tomado la capital mallorquina. En una entrevista, Planas ha señalado que la ciudad ha perdido su personalidad, tranquilidad e identidad, y que se está convirtiendo en un espacio que ya no pertenece a quienes han vivido en ella toda la vida.

Planas, que ha visto transformarse Palma a lo largo de los años, asegura que los cambios no han sido positivos para los residentes. «He conocido muchas Palmas y, desgraciadamente, no todos los cambios han sido positivos para quienes hemos vivido en ella siempre», afirma.

La cronista se queda con la Palma anterior al fenómeno de la gentrificación. «Era una ciudad elegante, tranquila y agradable para pasear. Muchos barrios han perdido su carácter y desaparecen edificios singulares con demasiada facilidad», lamenta.

Para Planas, el turismo ha jugado un papel determinante en esta transformación. «Si hubiera sido más contenido y respetuoso probablemente no estaríamos en esta situación. Se permitió crecer sin suficiente control y la ciudad terminó convirtiéndose en un objeto de consumo», explica.

La escritora considera que sus advertencias sobre el futuro de Palma, plasmadas en escritos anteriores, siguen vigentes. «Ojalá no lo fueran, pero creo que incluso me quedé corta en algunas advertencias», señala.

Uno de los aspectos que más preocupa a Planas es la pérdida del patrimonio. «Solo una parte de la sociedad es consciente del patrimonio que tenemos. Con frecuencia se restaura para rentabilizar, no para conservar. El valor económico acaba imponiéndose al histórico y cultural», critica.

La cronista también echa de menos la vida de barrio. «Se ha perdido el tejido social. Han cerrado muchos comercios y cafés donde nacían conversaciones y amistades. Hoy la ciudad se parece cada vez más a cualquier otra», afirma. Pone como ejemplo el mercado del Olivar, que ha cambiado profundamente su función.

Planas sitúa el origen del cambio en el momento en que «se descubre que la ciudad puede convertirse en un gran negocio. Los intereses económicos pasan por delante de las necesidades de los ciudadanos».

A pesar de todo, la escritora conserva cierta esperanza. «Mientras la conserve seguiré escribiendo y defendiendo Palma, aunque echo de menos una cultura entendida como esfuerzo, reflexión y conocimiento», concluye.

Para los vecinos de Palma, las palabras de Planas suponen un aldabonazo sobre la necesidad de repensar el modelo de ciudad. La pérdida de comercios tradicionales y la transformación de espacios como el Olivar afectan directamente al día a día de los residentes, que ven cómo su ciudad se adapta cada vez más al visitante y menos a quien la habita.

Joan Ferrà

Escrito por

Joan Ferrà

Redactor

Ciencias Políticas por la Universitat de les Illes Balears y veterano de los plenos isleños. Mallorquín de secano, cafetero y con paciencia para la burocracia balear; lleva años contando la política y la sociedad de la isla.